Momentos

Déjame remolonear un poco más en la cama. 

Como si fuese sábado, como si mañana también lo fuese. 

Sin prisas. 

Siento un aliento helado en mi pecho y no sé si es tuyo o es mío, si te expiro o te respiro. Así que déjame retozar un poco más antes de enfrentarme a mi propia carne, a planificar un futuro que hace que me sienta vacía, con la misma desolación que me invadía cuando, hace mil años, abría el buzón de casa, día tras día, esperando una carta del chico al que amaba, esa que nunca llegó. 

No quiero que me paralices, te conozco. Sabes que te conozco, siempre has estado pegado a mi costado en todas tus formas y tamaños. De diario o con ropa de domingo. En mis zapatos de charol empañando el brillo que mi madre lustraba con insistencia, con un paño y una sonrisa. En el primer beso en el portal de casa y en el último de mi padre, cuando se despidió en la cama de aquel hospital, incorporándose de golpe para intentar que el oxígeno llegara más rápido a sus pulmones. El aire se ha hecho espeso, me decía, y entonces te vi en sus ojos… miedo.

Miedo.

Déjame un ratito, por favor te lo pido, viejo amigo o enemigo con derechos. Sabes que me tienes segura, aunque todavía no me duela. Aunque todavía no lo sienta ni me moleste, pero está ahí creciendo como una semilla de muerte echando raíces en mi pecho. 

Déjame soñar, antes de que la “quimio” abrase mis venas, antes de que un bisturí rebane mi cuerpo y mis cicatrices me recuerden a una batalla vencida, antes de que un doctor me diga que todo ha ido de puta madre o que tengo metástasis hasta en las cejas. Yo no soy una alegre optimista, lo sabes, y eso dicen que juega en mi contra, todo es miedo e inseguridad, y odio al que me dice que todo va a ir bien, como privilegiado poseedor de los designios del destino, frases huecas que dañan más que animan.

Luego me enfrentaré a ti o te abrazaré, porque vamos a pasar mucho tiempo juntos, me temo.

Pero ahora déjame, déjame que sueñe antes de que la realidad me rebose de incertidumbres. Soñar que abro el buzón una vez más y esta vez sí, ha llegado una carta de él. Soñar que subo a casa con el corazón a mil y me tumbo en esta cama a leerla. Y leerla y releerla y aprendérmela de memoria imaginando su voz e impregnándome del olor de ese papel que un día estuvo en sus manos.

Como si fuese sábado.

Como si mañana también lo fuese…

Francisco J. Berenguer

(Fotografía de Alexander Krivitskiy)

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: